domingo, 3 de mayo de 2015

Una mañana de domingo.


¿Qué es un domingo por la mañana?

Es la gota justa de aceite de girasol para los patacones con queso, lo crujiente que se siente en tu boca, el placer de comer bien. El olor suave a hierba luisa. El azúcar morena con esa magia que solo pasa en la verdadera cocina. La espera reglamentaria en la mesa, la música que inunda la habitación de vagos recuerdos. El sol que entra —sin pedir permiso, en tu vida, en tu ventana. El cielo claro, seguro y cautivador. La mirada, el nervio, los temblores (el amor son las tres cosas) y la sensación de que el tiempo no pasa, que se detiene pero sin embargo ¡qué tarde es!

Pero sin embargo qué coincidencia todo, qué bello es: un desayuno para dos, silencio compartido, esa entrega en lo cotidiano y una mañana de domingo para llevar. 

miércoles, 25 de marzo de 2015

Siempre podrás pelear por lo que es tuyo. Y lo seguirá siendo. Siempre




El tiempo es eso que se nos pasa cuando uno está luchando por un mejor estilo de vida.
La dureza de las decisiones, el nerviosismo, el miedo (¿de dónde tanto miedo?), el balance
—estado emocional, entre las acciones y consecuencias. El estar con las manos atadas.

Los momentos difíciles que se atraviesan (¿qué más se puede hacer?) con la fe inquebrantable de que todo tendrá un final perfecto. Al menos justo.

El decir adiós. Una maleta. Una vida entera que pide a gritos “no te vayas”.  La sangre que no sabe de apellidos —pues en tus brazos se sabe la verdad.

Los golpes, los desaciertos, las veces que solo eras lágrimas.

No vivir sería un pecado. Una ofensa a todo lo que se ha peleado. Una cobardía.

El camino que llevas recorriendo se creo mucho antes de conocerme. Tus decisiones lo hicieron por ti. Y te han traído aquí:  un lugar caliente, peligroso y decadente. Esta ciudad. 
El frio quedó atrás. El barrio donde caminabas segura, también.

Pero un día, con la mirada al cielo y las oraciones acumuladas, decides levantarte. Decides seguir.
Decides que en tu casa no entrará la estupidez, ni la melancolía, ni las risas falsas. Tomas por acertado el camino que el Señor ha trazado para ti (aun no le ves, pero está ahí) y decides recorrerlo.

No hay tiempo para mirar atrás.

Tan simple, tan difícil.

Transita esta vida con la convicción de verte alegre. Nada bueno se pierde en el presente. Es todo lo que hay. Piensa en el futuro. Nada está agotado.

Se ese pilar que sostiene tu propia vida. La felicidad es cosa tuya. Cosa mía (la tuya), también.


Hoy te ha tocado soltarle la mano. Pero todo esto es un estado provisonal. La distancia. El tiempo. Y las barreras. Todo eso está en tus pesadillas. Sabes que llegará el día en que reclamarás lo que es tuyo.


Siempre podrás pelear por lo que es tuyo. Y lo seguirá siendo. Siempre.


Aquel aroma de café y el amor que le pones a todo lo que haces. El amor es lo que hacemos cuando nos tomamos de la mano. La honestidad.

Amar no es otra cosa que vivir. Vivir contigo. (Y yo siento que vivo contigo).

Siempre podremos pelear por lo que es nuestro. Si es solo tuyo, saberte conmigo lo hará mío también. Y lo seguirá siendo. Siempre.





lunes, 16 de marzo de 2015

Animal muerto.






Tenía una animal muerto en el lugar donde debía habitar un corazón. Era muy inteligente pero había pasado los últimos cinco años haciéndose oscuro. Qué tonto. Qué absurdo.

Procedía de un lugar en donde todo era más fácil —pues estaba cerca del mar. Pero residía en una escena de Hitchcock todos los días, entre poemas de Bukowski y canciones de New Order.

Le gustaba escuchar aquello que no se menciona (ve tú a saber qué era eso). Y siempre, pero siempre estaba celando. Inventando historias de engañando, tejiendo dudas con cemento, agotándose. Hundido. Guardando trastes en esa habitación oscura, fría y humedad.

Se alimentaba — ¡era terrible! de aquello.

Una pena.

viernes, 30 de enero de 2015

Un arte de vivir.




He llegado a Luis Antonio de Villena gracias a Jesús Terrés y ha sido todo alegría abrumadora de último viernes de enero.


"Un arte de vivir.

Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa,
tu corbata de tarde, la carta que le escribes
a un amigo, la opinión sobre un lienzo, que dirás
en la charla, pero que no tendrás el torpe gusto
de pretender escrita. Beber, que es un placer efímero.
Amar el sol y desear veranos, y el invierno
lentísimo que invita a la nostalgia (¿de dónde
esa nostalgia?). Salir todas las noches, arreglarte
el foulard con cariño esmerado ante el espejo,
embriagarte en belleza cuanto puedas, perseguir
y anhelar jóvenes cuerpos, llanuras prodigiosas,
todo el mundo que cabe en tanta euritmia.
Dejar de amanecida tan fantásticos lechos,
y olerte las manos mientras buscas taxi, gozando
en la memoria, porque hablan de vellos y delicias
y escondidos lugares, y perfumes sin nombre,
dulces como los cuerpos. ¡Qué frío amanecer entonces,
qué triste es, qué bello! Las sábanas te acogerán
después un tanto yermas, y esperarás el sueño.
Del día que vendrá no sabes .nada. (No consultas
oráculos). Te quemarán hastíos y emociones,
tertulias y bellezas, las rosas de un banquete
suntuario, y las viejas callejas, donde se siente
todo, en el verano, como un aroma intenso.
Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa.
y si todo va mal, si al final todo es duro,
como Verlaine, saber ser el rey de un palacio de invierno."

"El viaje a Bizancio" 1972 - 1974


Luis Antonio de Villena.


lunes, 12 de enero de 2015

Carta de Lunes sobre el adiós.





Querida M, las personas son pasajeros en nuestra vida (tren, tú le llamas),
hojas de nuestro árbol que algún día caerán y se marcharan con el viento.

Te podría decir muchas cosas sobre la partida de las personas que amamos, te podría pedir que seas fuerte y darte todos los bálsamos posibles pero no nos engañemos —al menos no nosotros: sabemos que va a ser difícil, que revivirá tu herida de tiempo. Sabemos por la piel (y  por el miedo que causa) que dolerá. 

Tendrán que pasar muchas cosas y situaciones diferentes que ocupen tu  mente, recibir muchos pasajeros que llenen ese espacio, tendrás que estar disponible para cuando quieran subirte el ánimo. 

Tendrá que simplemente pasar.

Pero ahí estaremos —tú sabes quienes, para dibujar una sonrisa y quitar ese gris; tal vez compartir una copa.

Ánimo. 


Con afecto, L.





domingo, 7 de diciembre de 2014

Diciembre.


Esto pasó en la terraza de un centro comercial, con la noche de Guayaquil presente. Capuchinos en mano y frio. Honestidad.  Dos amigos que asisten al reencuentro.

—Dame 20 razones para volver a creer en el amor, en diciembre.
—…no sé por dónde empezar.
—Empieza por darme la primera.
—Te quiero desde la primera vez y hasta ahora (después de todo este tiempo) no he dejado de hacerlo. ¿Necesitas realmente las otras 19?
—…
—Eso pensé.

Entonces aquí van mis 19 razones para volver (yo) a creer en el amor, en Diciembre:

  1. When Saint go Machine y su Kelly. 
  2. El ejercicio teatral. Necesitamos —todos, mejorar nuestra vida y el teatro es la clave.
  3. Llevar alegría a quienes más lo necesitan. A quienes son ejemplos de lucha y fuerza: los niños con cáncer.
  4. Los amigos. Y si vienen con sushi, mejor.
  5. Saltar descalzo en la habitación con la canción adecuada.
  6. El amigo secreto.
  7. Volver a leer. Recuperar un libro perdido. El olor de lo viejo y la textura de sus páginas.
  8. Los cumpleaños, las cenas, los desayunos, las fiestas y cualquier motivo valido (no importa cual) para comer y beber bien. Compartir una mesa. Eso.
  9. Pacari.
  10. El recuerdo de Canoa.
  11. Las palabras, el tener tino. El saber poner los puntos sobre las íes.
  12. Tu piel.
  13. La casita del parque donde te robé un beso.
  14. El roce de tu mano mientras caminas a mi lado.
  15. El silencio de la madrugada antes del ajetreo diario de diciembre.
  16. Los tuits tratados como poemas.
  17. La sensibilidad en las sabanas limpias con esas mañanas de domingo por la cual has luchado toda la semana.
  18. Sonreír mientras pienso en ti.
  19. Quererte hasta que duela.